Tino Casal - "Etiqueta Negra" (1983). Una visión barroca de los ochenta que cumple cuatro décadas.


...un ramillete de canciones que a muchos sorprenderá comprobar, si deciden pinchar el disco, que mantienen una vigencia sónica absoluta...

Por Jorge García.


El año 1983 fue un año absolutamente determinante en mi devenir como melómano. Aún no alcanzaba la adolescencia y la música ya ejercía sobre mi una especie de hechizo que provocó que muchas cosas casi vitales hasta aquél momento perdieran importancia y cayesen como preferencias personales en favor de las canciones y los discos. Es por eso que este 2023 me está trayendo a la memoria a algunos discos que fueron muy importantes para mi hace cuarenta años, y la verdad es que me está apeteciendo recordarlos, la nostalgia que ataca de nuevo.

Es posible que a muchos les extrañe ver este disco reseñado hoy aquí. Y seguramente a alguno le provoque aún más extrañeza si cabe la siguiente declaración: Este vinilo lo tengo considerado como una de las joyas de mi colección.

Y es que en este artefacto sonoro se concentra toda la brujería de metacrilato y PVC que caracterizaba al asturiano y que hizo de él, el exclusivo y personal artista que sin duda fue. Por supuesto hablamos de Tino Casal y su más importante álbum: "Etiqueta Negra".

Tino Casal era un cantante excelente, dotado de una voz elástica y ácida, perfecta para elevar el tono metafísico de sus textos a la promiscuidad estética propia del funky, estilo que corría por sus arterias y se esculpía en su música, escondido eso sí, en otros estilos más contemporáneos con respecto al momento en que se desarrollaban los hechos.



Pero además era compositor, estilista y diseñador de moda; pintor, decorador y escultor. Y productor, un buen productor que lanzó al éxito a grupos de la época como los valencianos, de fugaz paso por el mundillo, Vídeo y la banda madrileña Obús a los que produjo sus dos primeros elepés, "Prepárate" (1981) y "Poderoso como el Trueno" (1982).

Tras unos primeros escarceos en el mundo del arte, con un segundo premio en el festival de Benidorm en 1978 y tras militar en la olvidada banda Los Archiduques, graba sus primeros sencillos que pasan desapercibidos. Decide pasar una temporada en Londres para dedicarse a la pintura - otra de sus pasiones - y allí conoce las tendencias Glam, que serían decisivas en su carrera y también en su particular e impactante imagen, así como la música de David Bowie, quien fue una indiscutible influencia en él.

Finalmente, en 1981 llega su primer disco en solitario, "Neocasal", que si bien en su momento pasó bastante desapercibido, años después sería redescubierto como un interesante y novedoso concepto musical de notable calidad artística.

Pero fue con su segundo trabajo, este "Etiqueta Negra" del que hablo hoy aquí, cuando Casal se convierte en una gran estrella. Con producción de Julián Ruiz y composición de Tino en todos los temas, este disco se convierte, en parte gracias al hit "Embrujada", en un número uno que eleva al asturiano a la categoría de icono, además de referencia indiscutible de los ochenta y del tecno que desafortunadamente los caracterizo.

Pero en este álbum no solo nos encontramos el discotequero y sugerente "Embrujada". En su interior nos encontramos un ramillete de canciones que a muchos sorprenderá comprobar, si deciden pinchar el disco, que mantienen una vigencia sónica absoluta y que en modo alguno son temas de medio pelo y reproducidos con el artificial soniquete mecanizado propio de la época, en absoluto, se trata de temas maduros, con sugerentes y controvertidos textos, poéticos y nada desfasados, con un lenguaje osado y selecto que resultan atractivos, además de construcciones melódicas redondas y de fácil transito, inspiradas y fluidas.


El sonido combina de forma seria y elegante el tecno con el funky; el glam con el pop; e incluso nos encontramos guiños a sonidos de inspiración africana que conviven con discotequeros teclados demasiados hermanados con la época referida, como ocurre en "African Chic".

Pero antes de este curioso corte, ya hemos escuchado en la primera cara la también exitosa "Poker Para un Perdedor", tema de glamouroso tecno que habla de desamor y soledad y que al que suscribe le gustaba hasta la desesperación. "Miedo", que abre el disco, es un tema lúgubre, de densa capa sónica, rodeando una melodía gruesa, letra sugerente, y gaseosa ambientación, un tema excelente que nos da la bienvenida escondido en las sombras. Completa la primera cara "Etiqueta Negra", rápida y bailable, tecno de calidad (que lo hubo), en grado sumo.

No voy a negar que la segunda cara baja la calidad, si bien es cierto que esconde un momento grandioso, "Un Minuto Mas", balada dolorosa y de atosigante letra, bella y fría, cantada con pasión e intención, se trata de un tema impoluto que se acerca a texturas rockeras y que enlaza con la que finiquita el disco, el instrumental "Malaria".

Excesiva y cibernética, "Los Pájaros" abre la segunda cara de forma excesivamente mecanizada, con odiosas voces pasadas por la electrónica y saturación de sintetizadores, olvidable. Funky y ganas de bailar para la estupenda y arrítmica "Legal, Ilegal", dotada de cítricos teclados, para concluir este repaso con "Azucar Moreno", corte puramente ochentero, canción muy balsámica en su concepción sónica y algo excesiva en su funky electrónico y plastificado.


Histórico disco del pop patrio que vivía en concubinato con la movida sin llegar a pertenecer a ella, que supuso un éxito masivo para el tristemente desaparecido Tino Casal, figura poliédrica,  barroca, intrépida y creador polémico en su modo de vida y de entender el arte, siempre me gustó y admito que me sigue gustando

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