Dean Wareham - I have nothing to say to the Mayor of LA (2021)

Crítica: Dean Wareham - I have nothing to say to the Mayor of LA (2021)

...un entorno que nos enfrenta a la liturgia underground de la Velvet, aunque en un tono menos ácido y más cercano al dream pop...

Por Jorge Garcia.


A pesar de la incansable actividad musical que viene desarrollando el músico neoyorquino Dean Wareham durante los últimos treinta años, no ha conseguido hacerse con un lugar de privilegio dentro del mundillo, quedando reducida su expansión a un grupo minúsculo aunque relativamente numeroso de seguidores.

Ni siquiera su proyecto más célebre, Luna, puede ser considerado más allá de un episodio de culto para minorías selectas (parafraseando a JJ Mestre). Menos conocidos popularmente resultan otras iniciativas como Galaxie 500, Dean & Britta o Cagney and Lacee.

Ahora vuelve firmando un nuevo elepé en solitario, cosa que no hacía desde 2014, año en que entregase un excelente trabajo de título homónimo, que lleva por título "I have nothing to say to the Mayor of LA".

Se hace acompañar de Jason Quever en la producción y de su esposa Britta Philips, que le respalda en algunas voces y se encarga de los arreglos.

En lo referente a los sonidos que escucharemos en "I have nothing to say to the Mayor of LA" no creo que los habituales seguidores de Wareham encuentren nada que les sorprenda especialmente: una aterciopelada y sugerente caricia sonora formada por guitarras titilantes, teclas que se hacen notar lo justo y base rítmica plácida. Todo en un entorno que nos enfrenta a la liturgia underground de la Velvet, aunque en un tono menos ácido y más cercano al dream pop e incluso a la vanguardia experimental de la escena neoyorquina de los setenta.

Es por todo ello un disco más de Dean Wareham al que hay que terminar amando principalmente por las construcciones melódicas de todas y cada una de las canciones, que se complementan, siendo cada una parte de un todo donde la melancolía y los tonos dorados inundan de una atmósfera de estática y gaseosa percepción musical cada rincón del disco.

Textos con alusiones reivindicativas o ácidas reflexiones donde aparecen la hija de Karl Marx, un John Garfield perseguido por La caza de brujas o evocaciones críticas con Vietnam como telón de fondo.

Siempre suntuoso y sugestivo, no se pierdan temas como "The past is our plaything" que abre el set; el adelanto a modo de single que es la pegadiza y volátil "Cashing in"; un finísimo corte que inevitablemente nos retrotrae a los años de Luna titulado "The last word" o el segundo single, más inquieto y velvetiano, "Robin & Richard".

Lo mejor, de cualquier modo, es que vayan descubriendo este disco poco a poco, si ese es su deseo. Como suele ocurrir con las obras de este artista, el tiempo dedicado a la escucha va creando la coordenada espacio-temporal precisa en la que encajan estas canciones, que son más de influjos sensoriales que de trasiegos propios de los hits al uso.

Se recomiendo visitar la reseña que sobre este mismo trabajo publicó Juanjo Mestre en el Exile SH Magazine.

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