The Routes - Mesmerised (2021)

Crítica: The Routes - Mesmerised (2021)

Un disco pantanoso, psicótico y atmosférico, cuya textura retro y Lo-Fi encantará a los más avezados pobladores de la viscosidad sónica y de los entornos claustrofóbicos y lúgubres.

Por Jorge García.


El pasado año, Chris Jack sorprendía con un disco en solitario que a priori poco tenía que ver con los sonidos garageros a base de guitarras y fuzz que por regla general acompañan al autor británico.

Se colgó la guitarra acústica y preparó un disco titulado «Miles to go» al que no se le dio demasiada bola, pecado que reconozco haber compartido con el resto y del que en la actualidad me arrepiento sinceramente.

Pero estamos en 2021, y Jack vuelve a utilizar la electricidad para lanzarse a un nuevo trabajo, en esta ocasión con su banda titular: The Routes, donde, como es habitual en él, se embarca en los sonidos más intrínsecos suyos, pero como siempre sin dar la espalda a la evolución y los nuevos entornos sónicos.

«Mesmerised», que es el título de este sinuoso disco, nos propone una decena de canciones de esencia garaje, en las que burbujean las guitarras vintage, los fuzz, ciertas esencias japonesas y sutiles notas de psicodelia, e incluso surf. Un disco pantanoso, psicótico y atmosférico, cuya textura retro y Lo-Fi encantará a los más avezados pobladores de la viscosidad sónica y de los entornos claustrofóbicos y lúgubres.

The Routes
The Routes

Chris Jack se casó y mudó a Japón; y allí ha consolidado su actual banda, formada por Toru Nishimuta (bajo) y Bryan Styles (batería), y con el auspicio de los sellos Action Weekend Records y Bickerton Records, ha construido un álbum con un estilo rico y expansivo dentro de los organigramas básicos del garaje. El sonido de esta última colección de canciones funde influencias que acogen a referencias tan variadas como The Sonics, The Cynics, Guided by Voices, Spacemen 3 o 13Th Floor Elevators.

Por todo lo dicho podemos deducir que nos encontramos ante un disco de fuerte simbiosis sesentera y setentera, cercano a los sones ácidos del San Francisco de Haight Ashbury, con sus existencialistas soflamas sónicas y filosóficas; que se extiende hasta cotas punk. Todo ello gracias a una impecable producción, un equilibrio que empieza en la estupenda portada obra de Courtney Latta y que termina en todas y cada una de sus diez canciones.

En este apartado, el de las canciones, encontramos variedad y fuerte expresividad. Desde el tema de apertura, un fibroso equipamiento guitarrero en clave underground que da carta de naturaleza a un explosivo corte titulado «Broken goods», pasando por la paranoica y demente «Society» o el tema título homónimo que sirve de adelanto al álbum.

Otros momentos plenos de intensidad y condensación sonora son las sucias y arrítmicas «I’m sorry» o la casi punk «Two steps ahead».


Absolutamente vintage y salvaje suena «The world’s al fault», en contraposición a la veraniega copla que hace alquimia con el pop, el surf y el garaje para cerrar el disco, «Foot in mouth».

Aunque ya habíamos percibido melodías luminosas y pegadizas en «Leave my bed» que es truncada por el desasosiego sónico de la oscura «Used to». Se completa este cautivador tracklist con la etérea y lisérgica «Blink of an eye».

Resumiendo, que en «Memberised» no hay lugar al relajo; y la escucha global del disco nos lleva a un torbellino onírico y delirante que a muchos estoy seguro de que enganchará, no pudiendo dejar demasiado espacio de tiempo sin subirse a esta ruleta espídica de acción garajera, psicodelia y saturación noise. Más que recomendable.

Reseña publicada el pasado 17 de abril de 2021 en el Exile SH Magazine.

Comentarios

  1. Solo tengo un disco de los Routes, pero me gusta mucho, así que apuntado queda. Tu descripción me ha abierto el apetito.

    Abrazos.

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    Respuestas
    1. Yo parto de que el estilo que practican me gusta, así todo es más fácil, pero me parece un muy buen disco,
      Abrazos

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