The Chameleons - Script of the bridge (1983)

Crítica: The Chameleons - Scritp of the bridge

Una sensación de soledad y grandilocuencia propia del desasosiego del desierto, de los congelados alientos de los polos o de la depravada negrura del cosmos...

Por Jorge García.


La agonía existencial tiene sonido, ruido, melodía, música. Que se lo digan a los que han (hemos) levitado entre las envolventes proclamas sónicas de discos como "Script of the bridge" de los británicos de Manchester, The Chameleons.

Agonía o por lo menos situaciones que hacen que se retuerza el término existir, cuestionando comportamientos que no aceptaban vuelta de hoja alguna o resintonizando sensaciones sobre el capítulo de vivir. Poniendo disyuntivas en todo lo alto, barajando verbos y adjetivos que no brillan por su amabilidad o placidez e incluso estableciendo alternativas no siempre halagüeñas sobre nuestro, limitado en el tiempo, paseo por la epidermis del planeta.

La sensación de ahogo tiene por lo tanto una respuesta artística en la literatura: los románticos ingleses del siglo XIX algo dijeron al respecto, también los existencialistas convocados por Sartre en el pasado siglo aunque en un tono menos lóbrego. Pero también la música puso eco y sintonía a estas percepciones por medio de los seguidores de Ian Curtis, que desde la ciudad de Manchester hicieron belleza desde la oscuridad y la humedad sombría que a veces encoge el alma, o al menos, a ciertas almas.

De estos estados vitales emergen canciones como las contenidas en los absorbentes discos que facturaron en la frontera que separó los setenta de los ochenta, bandas como Joy Division, Bauhaus, The Cure, o la que hoy nos ocupa, The Chameleons.

Movimiento conocido como post-punk, o como también alguien decidió bautizar, onda siniestra, aquellos años de incertidumbre juvenil ante acontecimientos mundiales más que inquietantes, pero sin narcóticos como Netflix, las redes sociales o el maquillaje mediático y social con que hoy nos evadimos, hicieron que la reflexión profunda y el brillo de la catástrofe asomase al mundo del rock con tanta profusión lírica como años antes había ocurrido con los ignorados discos de la Velvet Underground, en esta ocasión el público si se dejó atrapar en aquella bendita encerrona filosófico-musical.

El debut de la banda comandada por Mark Burgess consigue dar una vuelta de tuerca a otros acontecimientos discográficos previos, gracias a unas melodías más que inspiradas, el vacío claustrofóbico que exhala el sonido del grupo, que borbotea entre ritmos marcados por las baterías opacas de la época y los quejidos y estertores de unas guitarras que se ensortijan y gravitan sobre la voz de flamígero color y profunda expresividad de Burgess.

Una sensación de soledad y grandilocuencia propia del desasosiego del desierto, de los congelados alientos de los polos o de la depravada negrura del cosmos y que apenas permite esporádicos reflejos animados, siendo la sensación de desamparo y desolación la que filtra su cualidad en los contritos sonidos y bellas melodías de canciones como "Don't fall", "Monkeyland", "Second skin", "Up the down escalator", "Pleasure and pain", "Thursday child", "View from a hill" o cualquiera de las doce acongojantes piezas que dan sentido a esta obra maestra que tan justo sería reivindicar, y que tan pocas veces se hace.

A veces la necesidad de sentir busca el camino en medio de las tinieblas, este disco siempre ha sido un candil ciego que aún así consigue guiar por la senda en penumbras a ciertos usurpadores de la ortodoxia existencial que sienten, como a mi me ocurre, que "Script of the bridge" es uno de sus discos de los ochenta (y de algunas décadas más), y que además es hermoso y se recicla con el paso de los años sin perder su carácter trágico y poético.

Comentarios

  1. Hermosa letanía por una imprescindible banda, tatuada en nuestro adn

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    1. Desde luego que es una banda que muchos llevamos tatuada, los que tenemos cierta edad. Me encantó verles en 2019 en vivo y comprobar que el amigo Burgess está en perfecta forma.
      Saludos.

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  2. Desde luego la sensación de desasosiego está latente. Y de belleza. Abrazo.

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    1. Uno de esos discos que nunca desaparecen, siempre están presentas y no pasa demasiado tiempo entre pinchada y pinchada, me ocurre igual con "Strange Times".
      Un abrazo.

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