The Morlocks - "Bring on the mesmeric condition" (2018)


 ...un sonido que mezcla la dinamita, el fuego y la nitroglicerina en una explosión rockera-garagera...

Si no hubiese sido por el concierto del pasado once de enero en la sala HellDorado de Gasteiz, donde pudimos disfrutar y vibrar de lo lindo con los andaluces The Smoggers que telonearon a unos sorprendentes y poderosos The Morlocks, seguramente nunca me hubiese hecho eco del último disco de estos últimos, "Bring on the mesmeric condition", que fue publicado en el verano de 2018.
La suerte quiso que tras el portentoso concierto de ambas formaciones, pero realmente demoledor el que ofreció la banda de San Diego, me interesase por los últimos trabajos discográficos del grupo liderado por el extravagante Leighton Koizumi; así dí con este extraordinario y energético "Bring on the mesmeric condition".


No entraremos a hacer repaso de las múltiples idas y venidas que ha sufrido la formación desde su creación en 1984, ni de los problemas legales de su líder en el pasado, lo que sí diré es que la banda se ha establecido en Dusseldorf y que desde allí, Koizumi ha reformado el grupo con músicos europeos de más que probada solvencia como el ex batería de The Fuzztones Rob Lowers, el también ex-Fuzztone, Oliver Pilsner al bajo o los magníficos y experimentados guitarristas Bernadette (Sonny Vincent) y Marcelo Salis (The Gravedigger Five). Les aseguro que la suma de todos ellos produce un sonido que mezcla la dinamita, el fuego y la nitroglicerina en una explosión rockera-garagera, como no se ven muchas en la actualidad.
Si bien esto queda rotundamente de manifiesto en su directo, estén seguros de que tampoco dejan lugar a la duda en su último disco: una inflamable colección de temas rockeros y garageros a ritmo de distorsión y -cómo no- fuzz, repletos de riffs fibrosos, solos afilados, estribillos incendiarios y una base rítmica trepidante y vigorosa.
Por primera vez, todos los temas vienen firmados por la banda, sin versiones, y lo cierto es que ante tal catálogo de temas infecciosos y pegadizos, poca falta hace tirar de covers.
El primer impacto llegará con el rock intrépido y excitante, garagero y sucio titulado "Bothering me".



Con el fuzz aún retumbando en los oídos, llegarán otros trallazos como el garaje de los bajos fondos "Down underground" dotada de una flamígera armónica; la urgente "Easy action"; la excitante, fronteriza y rugosa "High tide"; la furiosa "No one riders for free"; la magnífica "One foot in the grave"; la stoniana "Time to move" o el colofón "You don't know", con esencia californiana y un coreado estribillo de tono vintage... todas ellas soberbias, musculadas, adictivas y con enorme pegada.
Sin olvidar la crepuscular balada (aparece una guitarra acústica) de textura fronteriza y spaghetti western "Heart of darkness", que se postula como uno de los grandes momentos del disco.
Y por supuesto el rock de riff cardíaco, punteo indómito y estribillo fulminante titulado "We can get together" pelotazo ante el que no me puedo resistir.



Aunque el disco sea de 2018, hasta la fecha es mi disco de 2020, una explosión de electricidad y fuzz, de garage, rock and roll y cactus de la frontera de El Dorado. Una colección de temas que sin buscar el arca de la alianza sonora, se concentran en los ancestros estilísticos de la música del diablo para hacer gozar a los fieles de esta ceremonia infinita que es el rock and roll.


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