Y a decir verdad, todo lo que cuenta parece verídico, o al menos es perféctamente creíble, creíble de puro sencillo que es, de puro tópico, de puro familiar...
Suenan como historias de carácter personal, verdades, muchas inofensivas pero, insisto, personales.
Quique empieza desde esa juventud tan indiscreta, a demostrar, que sabe acariciar el idioma de Cervantes como pocos, ofreciendo frases afiladas como espadas, utilizando adjetivos atinados y que parecen recrearse en hacer sangre sobre las conciencias mas sensibles, todo ello en una redacción sencilla, poco o nada trascendente, sin vocación de pretensiones literarias fuera de tono, pero sin caer en ningún momento en la simpleza mal entendida ni mucho menos en el mal gusto ni la vulgaridad...
Y es que este es un disco de historias, de historias de juventud, de historias personales, un disco de "letras".
Y esto no quiere decir que las composiciones sean algo baladí o mediocre, que va, encontramos temas de exquisita linea melódica sombreando esos textos comentados, arranques melódicos furiosos y estribillos llenos de vida, de fluidez y determinada impresión musical.
La producción, de un no tan conocido como hoy, Carlos Raya, es quizás lo menos determinante del álbum, apostando por un rock con demasiadas prudencias sónicas, que hacen que en ocasiones se quede algo corto el aporte sonoro, echándose en falta algo mas de dureza, de acero en los ritmos, de oscuridad en la base rítmica, de fuego en las guitarras... y es una pena porque el ADN de los cortes es rock, rock de melodía inteligente y sutil, rock como de Tom Petty por ejemplo.
Pero a pesar de todo, este disco es un muy buen disco, un disco debut muy maduro, aunque por lo dicho pueda parecer lo contrario, formado por un extraordinario conjunto de canciones que giran sobre el amor, el amor joven y apasionado, perdido y aun sangrando, marcado por la amistad, por las calles de la ciudad, por recuerdos que parecen perdidos en la inmensidad del tiempo y que en cambio apenas ocurrieron antes de ayer... insisto... un disco debut de juventud.
Por citar alguno de los cortes mas importantes, en mi opinión por supuesto, destacar el que da titulo al disco: "Personal", un tema de desamor, la dolorida confesión de un joven derrotado tras el abandono de su chica, canción dotada de un estribillo poderoso, que con mas "caña" hubiese quedado caliente como el infierno, pero... sigue siendo un fantástico tema.
"Cuando Eramos Reyes" vuelve a incidir en el título del álbum, "personal", aquí Quique nos narra sus correrías por Madrid cuando hace, según parece, varios siglos el y su colega eran reyes, evidéntemente con 25 años no es posible que haya pasado tanto tiempo, pero, es que la juventud es así de grande. "Músico de Guardia" no deja de ser un canto de amor, ahora a la música, al oficio de músico, a la disciplina de plasmar, cual terapia, la vida en unas cuartillas para que unas guitarras las adornen y floten para siempre en el aire, otra vez un gran estribillo, y unas guitarras que se quedan un pelín cortas.
Vuelta al amor mas puro y "personal" en la bellísima "Con Vistas al Mar", tema realmente precioso, cantada con cierto descaro y desparpajo. Con carácter empieza "El Contestador", con unas guitarras aquí mas peligrosas, con mensaje agresivo, rebelde, un Quique que pasa al ataque, un derroche de juventud al servicio del rock...
Otros temas como "Se nos iba la Vida" o "Fito", (Dedicada al gran Fito Paez) no desentonan con estas ya comentadas y entre todas forman un equilibrado y vertiginoso disco que supuso un debut que paso desapercibido de un joven que nos desnuda su alma en este "Personal".
A ver si me pongo con la música de González, Addison. No comento nada porque apenas le he esuchado, pero sigo atento a la jugada, sobre todo a la pasión con la que glosas su obra.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gonzalo: Poco a poco, yo creo que te puede gustar, el tío es muy bueno, a mi me encanta la verdad, el dia 13 de abril tengo cita con el.
ResponderEliminarUn abrazo Gonzalo.