Hoy cumple una docena de doce años esta casa. Me resulta raro y en cierto modo incómodo mirar hacia atrás y valorar todo este tiempo y ponerlo en palabras. Lo único que puedo decir es que cuando hace doce años me lancé a esta aventura con el ánimo dubitativo del que no está seguro de las consecuencias de sus actos y sin demasiadas pretensiones, no imaginaba que el viaje iba a ser tan largo.
A unos inicios de incertidumbre siguieron otros de ilusión e incluso autoconocimiento en una etapa ciertamente complicada de mi vida, luego la confianza, el contacto personal con otros blogueros que tan grandes momentos me ha regalado y por los que doy gracias, y hoy la resistencia - los blogs se hunden y pronto seremos pasto del recuerdo, o posiblemente ni eso - pues un servidor tiene un acusado instinto de supervivencia, por cierto, instinto sórdido donde los haya.
Pero de una manera u otra, aquí estamos, posiblemente navegando a la deriva aunque ahora no sea del todo consciente. No voy a relatar logros estadísticos del blog, ni me parece interesante, ni creo que a ustedes les importe un carajo, y entre nosotros, a mi tampoco.
Agradecer, eso siempre, a todos los que desgastáis tiempo en visitar esta casa, leer mis neuras, soportarlas e incluso todavía comentar, participar y hacer notar vuestra presencia. Que haya amigos al otro lado del brillante lienzo de la pantalla es un regalo que esta aventura me ha hecho y solo por ello merece la pena seguir aquí. No entiendo la vida sin música y sin libros. No quiero ni puedo dejar de escribir, creo que es algo terapéutico además de una necesidad que amo profundamente.
Gracias a todos y a todas y ¡¡¡Feliz domingo!!!

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